«Poesías completas», de fray Luis de León: la serenidad como conquista
Es fácil quedarse con la imagen amable: el fraile que huye del «mundanal ruido» y se retira a un huerto con una fuente y unos árboles frutales. Pero quien lee de corrido los poemas de fray Luis de León descubre algo más interesante. La serenidad de estos versos no es un punto de partida, sino una meta, y se nota que quien los escribió conocía muy bien aquello de lo que quería escapar: las intrigas universitarias, la envidia, casi cinco años de cárcel.
La «Vida retirada» parte de Horacio, pero lo que en el poeta latino era un elogio de la vida en el campo se convierte aquí en un deseo de verdad y de paz interior. En «Noche serena», la contemplación del cielo estrellado despierta una nostalgia casi física: «Morada de grandeza, / templo de claridad y hermosura». Y en la oda a Francisco Salinas, la música del organista ciego, catedrático de Música en Salamanca, eleva el alma hasta una armonía que lo abarca todo.
Son poemas que piensan, pero sobre todo suenan. Fray Luis escribe casi siempre en liras, la estrofa breve que Garcilaso había traído de Italia, y la maneja con una naturalidad prodigiosa: frases que se alargan de una estrofa a otra, encabalgamientos que imitan el vuelo del pensamiento, adjetivos exactos. Hay también poemas menos conocidos que conviene buscar, como la «Profecía del Tajo», en la que el río anuncia al rey don Rodrigo la pérdida de España, o la décima que escribió al salir de la cárcel, de una ironía amarga que todavía hoy corta.
La edición de Austral es una buena compañera para esta lectura: manejable, económica y con notas de Ricardo Senabre que aclaran las referencias sin entorpecer. Incluye además una selección de poetas de la llamada escuela salmantina, que permite ver a fray Luis en su ambiente. En el año de su quinto centenario no hay mejor homenaje que dedicarle una tarde.
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