Un dromedario en la playa

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En los años 60, en Mallorca hubo muchos cambios, pero ninguno de ellos relacionado con el Mayo del 68, De golpe y porrazo, los proletarios de las democracias europeas empezaron a tener vacaciones pagadas en verano, Y, ¿para qué? Para gastar el tiempo y el dinero en algo nuevo: el sol y la playa, Benidorm, Costa Brava, Y, por supuesto, la Playa de Palma, Algunos advenedizos adaptaron la costa para ofrecer ese «Sol y playa», Sin complejos, se construyeron hoteles en las dunas, clubs, bares, chiringuitos, Se creó allí un ecosistema aislado, opuesto a los valores nacionalcatólicos imperantes en los pueblos de interior, Por un lado , suecas, británicos, alemanas, belgas, Por otro, isleños e inmigrantes peninsulares, jóvenes dispuestos a ganar dinero y a palpar la carne urgente y efímera, En poco tiempo, las playas antes desiertas se llenaron de esa fauna, en un decorado imposible, en el que se yuxtaponían carteles de corridas de toros, sombreros de mejicano, sombrillas de paja, colchones de goma, y un dromedario, Fue la creación del Typical Spanish, que poco tenía de típico y nada de español,

Noches de satén blanco cuenta la historia de algunos de esos isleños que tuvieron la circunstancia de vivir su primera juventud en ese ambiente, Chicos normales que intentaron aprovechar aquellos días de playa y noches de cama para satisfacer sus apetitos primarios, Sin el párroco ni la abuela echándoles el ojo, En Mallorca, esos jóvenes y no tan jóvenes que iban a la costa a ligar extranjeras y a exhibirse con sus trofeos, recibieron el nombre de picadores,

En 1968, mientras en San Francisco, París o Praga los jóvenes intentaban cambiar el mundo, en la Playa de Palma, los nacionales intentaban aprovecharse de él, En Noches de satén blanco te convertirás en un voyeur que se asoma al pasado y observa el choque entre la deshinibición turista y los picadores patrios,