Obama, El duro

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Las políticas de línea dura por parte del presidente demócrata Barack Obama, que llegó a la Casa Blanca en unas elecciones históricas de 2008 con las promesas de “cambio” y “esperanza”, fue aplicada con más aplomo que la de su predecesor George W. Bush. Lejos de bajar las tensiones en los temas de terrorismo, seguridad o divisiones partidistas, las rencillas se propagaron más con numerosos tiroteos, tensiones raciales entre las comunidades minoritarias y la policía y su campaña de asesinatos selectivos en varias partes del mundo contra presuntos objetivos terroristas por medio de drones. A esas acciones se sumaron las intervenciones militares en Siria y Libia, las deportaciones masivas criticadas incluso por sus seguidores y una falta de transparencia en su gobierno que sufrió filtraciones de documentos confidenciales en el sitio Wikileaks. 
El primer presidente afroestadounidense en la historia de Estados Unidos enfrentó un obstruccionismo a rajatabla de sectores ultraconservadores del opositor Partido Republicano, que buscaron negarle un legado digno o debilitar su presidencia. Con los ataques de vehículos aéreos no tripulados el mandatario evitó el envío de tropas y el derramamiento de sangre de estadounidenses como parte de su lucha contra el terrorismo global, pero con las consecuencias fueron lamentables con daños colaterales como la muerte de miles de civiles, además de la expansión del extremismo internacional. Obama demostró, como él mismo lo repitió varias veces durante su campaña electoral, que es “flaquito pero duro”, lema que aplicó a cabalidad con la eliminación del cabecilla de la red extremista Al Qaeda, Osama bin Laden, y el líder libio Muamar Gadafi, odiados por occidente y varias partes del mundo. 
El sistema político y económico cambió de máscara con Obama, quien rescató a Wall Street y la industria automotriz, pero le faltó identificarse, responder al clamor por oportunidades económicas para la clase media y baja, que le pasaron la factura cuando castigaron al Partido Demócrata con sus votos, que vio una reducción de sus representación no solo con la pérdida de la Casa Blanca sino también en cargos electos en el Congreso y en las legislaturas estatales. Los republicanos ahora podrían desbaratar su legado sobre acercamientos diplomáticos con Cuba y un acuerdo con Irán para frenar las armas nucleares, así como su plan de reforma de salud conocido como Obamacare.