Testimonio Sacerdotal Según La Sana Doctrina De La Iglesia.

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Nuestro escudo, en su significado, trasciende de lo material a lo espiritual y sobrenatural como vivo testimonio del obrar y el querer divino del Señor y Maestro de la Historia de la Salvación y redención de Dios. En una unidad formidable de signos nos revela que desde hace cinco siglos la Divina Misericordia nos elige como Puerto o Refugio seguro para la salvación del remanente que confluirá de los diferentes lugares donde se encuentra disperso. Representa a un Pueblo que nace a una vida nueva, a la vida de la gracia divina con la vocación especifica del Precursor, Juan. Es un Puerto, tierra de sangre, tierra del gran Señor, que habría de descubrirse, en su momento, en la Bendición de la Sangre vertida que nos atrajo al inicio la salvación y la redención del Salvador y Redentor. Es un pueblo sobre el que el divino Redentor, así ha querido recordarnos la vocación a la que, en la esperanza, fuimos convocados desde el principio, como descendencia de una Mujer, bendecidos en una primera familia y congregados en el Pueblo de su propiedad, el que se convertiría, por la fe en el Redentor, en la gran Familia de Dios. Es un Blasón verde con el Cordero echado sobre el Libro del apocalipsis de Jesucristo portando la bandera de Juan Evangelista. Entre los demás signos, aparte de los del reino colonizador, Fernando e Isabel, sus iniciales y coronas, aparece en un letrero a la redonda: "Juan es su nombre...; el color verde predominante está relacionado con los comienzos de la era cristiana, con alusión a San Juan Bautista, como símbolo de la hierba o vegetación, cuando este predicaba en las selvas desérticas de Judea...,...,... Las banderas y cruces de Jerusalén como símbolos de San Juan Bautista, nombre dado a la isla invariablemente unido al nombre de Jerusalén. El haz de flecha y el yugo constan del misterioso número siete que tanto se repite simbólicamente en el Apocalipsis". (Nueva Enciclopedia de Puerto Rico de la Geografía, Historia y Cultura Vol. 3, pags. 138-139. Autor: José A. Toros Sugrañes. Ed. 1996, Editorial Lector Hato Rey, P.R.)