No es un libro sobre cremas ni rutinas de belleza, sino sobre lo que pasa cuando nos miramos al espejo, descubrimos una arruga nueva y con ella un pensamiento nuevo. La cara se ha convertido en una superficie que hay que controlar, en la prueba del paso del tiempo o de su negación, y el gesto diario de cuidarla se hace delante de unas hijas que toman nota.
Leticia Sala parte de un conflicto que reconoce como propio: el deseo de verse bien y el temor a estar alimentando un sistema que nadie eligió. Un ensayo corto y directo de la colección Nuevos cuadernos Anagrama.





